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Historia de Palliri

La historia de Palliri comienza en 1991, cuando Mariano Caballero y José García, dos sacerdotes misioneros murcianos —conocidos por la comunidad como el Padre Mariano y el Padre Pepe— llegan a Bolivia en un momento clave: la diócesis de El Alto y la propia ciudad estaban naciendo casi al mismo tiempo, en medio de un crecimiento urbano acelerado y profundas carencias sociales. Desde su llegada a la parroquia Apóstol Santiago, el contacto cotidiano con la población les permitió conocer de cerca una realidad marcada por la pobreza, la exclusión y la falta de acceso a derechos básicos. Pronto comprendieron que la labor pastoral debía ir acompañada de una respuesta concreta a las necesidades más urgentes de las personas.

Junto a ellos comenzó a trabajar un pequeño grupo de jóvenes cooperantes españoles, entre los que se encontraban también cooperantes del movimiento scout (el Grupo Scout Balate), que conformaron los primeros equipos de trabajo. Con recursos muy limitados, pero con una fuerte presencia en el territorio, pusieron en marcha las primeras acciones: aulas de apoyo educativo para niños y niñas con grandes dificultades de aprendizaje y un comedor comunitario como respuesta inmediata a una necesidad básica compartida por muchas familias. Poco a poco, el trabajo se amplió hacia la atención a la primera infancia, dando origen a los primeros centros educativos infantiles.

Estas iniciativas sentaron las bases de lo que, algunos años más tarde, se constituiría como la Asociación Palliri y posteriormente como la Fundación Palliri. En esta etapa inicial, la labor contó con el apoyo fundamental de Cáritas Región de Murcia y de otras entidades solidarias, que hicieron posible la continuidad y el crecimiento del proyecto.

Con el paso del tiempo, Palliri fue consolidando un modelo propio. El equipo profesional que comenzó a dirigir la Fundación se fue conformando progresivamente por personas de la propia comunidad, formadas dentro de los procesos educativos impulsados por la institución. Paralelamente, se fortalecieron los centros educativos infantiles, los espacios de apoyo y nivelación escolar, y la escuela de padres y madres como eje del acompañamiento familiar. A partir de estas experiencias, la Fundación incorporó también la formación profesional de jóvenes y personas adultas mediante escuelas taller, dando origen a los proyectos productivos y de formación que hoy forman parte central de su propuesta.

En esos mismos años, Palliri amplió su trabajo hacia la comunidad indígena de Achocalla, donde nació la Granja Escuela de Palliri. Este espacio permitió integrar la educación ambiental, la producción agroecológica y el cuidado del territorio como elementos fundamentales del proyecto institucional, consolidando el área medioambiental de la Fundación.

En una etapa más reciente, Palliri ha trabajado de manera sostenida en su consolidación institucional, fortaleciendo su estructura legal, su organización interna, sus fuentes de financiación —incluyendo iniciativas de autofinanciación— y su relacionamiento institucional. En este proceso, el acompañamiento de entidades de cooperación ha sido decisivo, especialmente en la última década, con el apoyo continuado de la Fundación FADE, Cáritas Gipuzkoa y Misión América, cuyo compromiso ha aportado estabilidad y proyección a los proyectos educativos y comunitarios. El voluntariado y la cooperación de jóvenes cooperantes han sido también un eje clave de este camino, con una participación especialmente significativa del movimiento scout, que ha acompañado de forma constante el crecimiento y la maduración del proyecto.

Hoy, la Fundación Palliri mira al futuro con la voluntad de consolidarse como un modelo educativo de referencia en su entorno: un modelo en el que la comunidad y la familia son protagonistas, en el que la memoria cultural y los saberes propios se reconocen como parte esencial del aprendizaje, y en el que la dignidad de cada persona orienta todas las decisiones. Palliri entiende la educación como un camino compartido, profundamente humano, desde el cual construir comunidades más justas, solidarias y con futuro.

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